Hace ya muchos años que están en nuestras ciudades. Poderosas aplicaciones en nuestros teléfonos que nos permiten transporte privado (Uber), vivienda ocasional (Airbnb) o entrega a domicilio de cualquier producto a la venta en locales (Glovo). Y mientras hay quienes no son conscientes o no quieren ver su responsabilidad, con su uso depreciamos los derechos laborales, dificultamos el acceso a una vivienda digna y sostenemos la turistificación de las ciudades.

La solución no pasa por demonizar la tecnología que lo permite sino en hacer patente el modelo económico que hay detrás y visibilizar posibles alternativas. Alternativas que ya existen, como SomMobilitat, Mensakas y FairBnB, entre muchas otras. A la empresa privada que maximiza el beneficio, pone el capital en el centro y crece a expensas del abuso laboral se la puede combatir con las cooperativas usuarias de código abierto y constructoras de comunidad: el cooperativismo de plataforma.

Economías de plataforma: extractiva vs cooperativa

Sabemos que las nuevas tecnologías facilitan la interacción de grupos distribuidos de personas tanto para compartir como para colaborar en el consumo y producción de bienes. Es en los grandes núcleos de población, en las principales ciudades, donde más plataformas surgen y más valor crean. De hecho, sólo en Cataluña existen más de 1300 plataformas que ofrecen más de treinta tipos de productos y servicios.

Para conocer mejor la diferencia entre lo que entendemos como capitalismo de plataforma (economía de plataforma extractiva) y cooperativismo de plataforma, nos parece ilustrativo comparar Glovo con Mensakas. En el primer caso, Glovo es una empresa fundada a través de la recaudación de 30 millones de inversión de fondos extranjeros que se sumaron a los 7 que ya tenía de inversores españoles: de Seaya (el fondo de Beatriz González, la hija del presidente de BBVA), dinero público de ENISA y el Instituto Catalán de Finanzas y varios 'business angels' del sector. Tal empresa basa su actividad en el hecho de disponer de una gran cantidad de posibles “empleados” para absorber la demanda, pero no los tratan como tales. Al contrario, los considera “no empleados”, colaboradores autónomos o trabajadoras independientes. De esta manera pueden externalizar tanto los medios de trabajo (las trabajadoras aportan sus propios vehículos) como los riesgos y los costes de las prestaciones sociales. Eso significa que estas empresas no han de contribuir a la asistencia sanitaria, el seguro de paro, la cobertura de accidentes o la seguridad social.

En el otro lado del río tenemos a Mensakas, cooperativa creada en mayo del 2017 por las repartidoras y repartidores de empresas como Deliveroo, Glovo o UberEats quienes unieron fuerzas para crear la plataforma RidersXDerechos con el propósito de defender sus derechos laborales, vulnerados por dichas compañías al obligarles a ejercer como falsos autónomos y a sufrir unas condiciones precarias, además de despidos como represalia por las huelgas, denuncias o manifestaciones. Su financiación fue a través de una campaña de crowdfunding o micromecenazgo en Goteo mediante la cual consiguieron casi 19.000 euros, que se sumaron a otros 60.000 obtenidos de subvención para proyectos empresariales de la Generalitat.

Mientras en el caso de Glovo todos los beneficios obtenidos por prácticas capitalistas y extractivas revierten en las empresas inversoras, en Mensakas revierten directamente en las personas socias trabajadoras: su actividad está enfocada en clientes con responsabilidad social y sensible a los derechos laborales, mientras las personas trabajadoras disfrutan de su nómina, seguro y sueldos dignos.

El uso del término "economía colaborativa" por parte de las grandes empresas extractivistas no es anedóctico ni casual, es intencionado y causal: quieren dejar esa impresión en las personas usuarias para ocultar bien las condiciones laborales en las plataformas de servicio (como en Glovo), bien los excesos de grandes propietarixs en las plataformas de alquiler (como en AirBnB, donde existen empresas con más de una decena de propiedades alquilando habitaciones)

Trabajo digno, copropiedad y cogobernanza

Está claro que esta forma de entender la economía, la plataformización de la economía basada en la explotación laboral, de datos y de capital, ha llegado para quedarse y nuestra responsabilidad es parar el golpe de estas empresas que acentúan la turistificación echando a la gente de sus casas, creando dark kitchens donde multinacionales elaboran sus productos de comida rápida sin control y miles de personas ven sesgados sus derechos laborales. Para ello es necesario dar a conocer los procomunes abiertos, el cooperativismo de plataforma y organizaciones descentralizadas basadas en economía social y conocimiento abierto, entre nuestros colectivos y asociaciones. Es hora de apoyar iniciativas locales y globales basadas en la autogestión, de impacto positivo y bajo formas empresariales cooperativistas.

Como nos cuentan en El Salto Diario el caso de La Pájara Ciclomensajería es ejemplar: abandonaron sus trabajos en plataformas de economía extractiva para trabajar en red, se comunican con sus colaboradores a través de una aplicación móvil promovida por CoopCycle (plataforma de código abierto para ciclomensajería en la que son copropietarios y codesarrolladores) y comparten información y buenas prácticas con otras 21 cooperativas de reparto que funcionan con el mismo software en Francia, España, Bélgica, Reino Unido y Alemania.

Goteo es cooperativismo de plataforma

Como bien sabréis, Goteo es mucho más que una plataforma de crowdfunding cívico y colaboración en torno a iniciativas ciudadanas, proyectos sociales, culturales, tecnológicos y educativos. Tras la plataforma existe una fundación sin ánimo de lucro y un equipo multidisciplinar desde el que desarrollamos herramientas y servicios de co-creación y financiación colectiva, con la misión común vinculada siempre a principios de transparencia, progreso y mejora de la sociedad.

Diseñamos y creamos herramientas open source, tanto tecnológicas como metodológicas, que promueven la transparencia, el conocimiento abierto y el libre acceso a la información, para contribuir a crear redes más colaborativas y éticas. Trasladamos valores de la sociedad civil a la esfera institucional, participando y contribuyendo en la creación y adaptación de políticas públicas para que las instituciones entiendan su importancia, faciliten y estimulen la autoorganización y participación ciudadana.

Varias iniciativas en este sentido han confiado en nuestra trayectoria para lanzar sus iniciativas gracias al impulso de la suma de sus comunidades y la nuestra. Por destacar un par, tendríamos Som Mobilitat en movilidad eléctrica compartida para comunidades locales que cofinanció su primer vehículo con nosotras, estando hoy día presentes en doce municipios con más de 200 coches eléctricos socializados y Fairbnb en alojamiento alternativo que lanzó campaña para promocionar a nivel europeo su plataforma de alquiler de pisos para temporadas cortas de la que solo forman parte alojamientos éticos y cuya gobernanza está basada en la toma de decisiones de forma distribuida.

¿A qué esperas para migrar de plataforma, difundir la alternativa y, quién sabe, lanzar tú la próxima? ¡Aquí estaremos para apoyarte!